sábado, 22 de marzo de 2014

DEL LIBRO "SEÑALES"

NUESTRO ÍCARO

 

 

Cuentan

que Ícaro tuvo una locura de abeja

y por eso se derritió

cuando, enfebrecido, quiso

libar la gran flor del sol.

Pero yo soy hombre.  Y aseguro:

a Ícaro lo mató

el amor.

Yo soy hombre.  Y lo aseguro:

Todavía nos alucina ese gran cielo

adonde nos calcinamos

solo por el fulgor de un sueño.

 

 

SEÑAL

 

 

Añejo todo.

Y más allá, en las alturas,

esa luz azul que nos desata.

 

 

PROPUESTA DEL ALBA

 

 

La mañana es un diálogo de  azules.

Es probable

que en la luz, que a todo arrulla,

y en esos montes aún del paraíso

todavía algún origen nos espere...

 

 

PARÁBOLA

 

 

Al amanecer el cielo se esparcía en lluvias.

Pero ahora la luz juega, pájaro entre ramas.

Aprende humano, tú, que escaso vives,

por qué a los arreboles

los sangrientos siglos no han ajado.

 

 


 

EL LLAMADO

 

 

Asciende a espesas cumbres y detente.

Mira, en la nublada lejanía, amplísimas ciudades.

Ahí la muerte, la máquina, la estafa.

Sube a las cimas y detente.

Mira. Y aunque triste, cree

que aquella remotidad brumosa  –tuya, humana–

es turbiamente fugitiva.

Cree. Y sigue. Pues velado, mas muy amante,

el fuego original aún te espera.

 

 

 

 

lunes, 10 de marzo de 2014

MI DESPERTAR POÉTICO


Descubrí a la gran dama de la  poesía a mis 6 años. Mi hermano mayor leía en voz alta, para un examen colegial, la rima LXIII de Bécquer, y algo apasionante sentí, de modo que desde entonces se me incrustó en la memoria. Una vez la oí y musicalizó para siempre en mi memoria. Facultad que poseí muchos años: si un poema me impactaba la primera vez que lo leía, inmediatamente hacía casa en mi memoria.

Pues bien, aquella lejana tarde en que descubrí al poeta sevillano, corrí y corrí alrededor de mi caserón de adobe, recitando, emocionado y sin entenderla, su excelsa rima. Mis familiares decían: "ese chiquillo está loco". Y, sí, desde ese remoto verano, estoy poseído por la bella locura de la poesía.



sábado, 1 de marzo de 2014

ALGUNOS FRAGMENTOS DEL POEMA-LIBRO "CICLÓN"

¨

¡ah!

¡qué sonidos sin niño exhalamos!

nunca aprendimos el justo medio del neutrón

hemos visto saltamontes saltando

hacia fugaces poderosas ruedas

y salvos por el torbellino de las ruedas

os necesitamos delicados saltamontes

saltad suavizad nuestra intransigencia

para que no nos desgaje este gran viento

óyenos charles atlas sofisma  de los imperios

ayúdanos a estos alfeñiques de tantos y tantos kilos

a ser grandes hombres nuevos

ssssssssssss silencio

que los saltamontes no escuchen

 

¨

y nos pican los mismo lugares que no nos picaron ayer

y ayer cuánto picó en el lugar mismo

y el mismo cuánto lugar picó en el ayer

y el pico cuánto ayer en el lugar

y el cuanto cuánto picó en el lugar

y el el cuánto picó en el ayer

y cuánto ayer en el pico

y el en cuánto pico en el el

y todo el juego y la engañifa

¡cómo pican en nosotros!

¡qué enredaderas les cargan a nuestras almas sin pico!

¨

madre

henos aquí a tus hijos

exiliados

he aquí dónde nuestra patria

escondida en el núcleo de cuál hilo

en cuál anónimo granúnculo de polvo

en qué remoto transcurso del sucede

en cuál fibra de nosotros

he aquí dónde nuestra patria

nacionales exiliados exiliados

abejas invitadnos a vuestra patria

y a vuestras ciudades hexagonales

donde el espacio es el mejor espacio

vuestra política el mejor poder

y la miel la mejor moneda

invitadnos

que nosotros embrollamos el espacio

y la política y el dinero nos despojan del poder

¨

cuando decimos nosotros

hablamos de nosotros

y los otros de este nosotros enemigos de la vida

pero nosotros siempre nos empeñamos en nosotros

por sueño artístico por idiotas por locura

pues este siglo se llama yo

yo gano y yo derroto este planeta

yo tengo yo muerte yo dominado

yo presidente

no yo soy yo no soy

yo muchedumbre sola y angustiada

no yo soy yo tengo y no tengo

yo no tengo ser yo soy nada

yo billón de ojos mirando escaparates

yo siendo otros que no son otros que me guían

yo tengo

yo no soy

yo yoyo en manos de yo ciego

rompiendo los cristales del mundo y de yo yoyo

pero nosotros cuando decimos nosotros

palabreamos nosotros y los otros

para qué

si la palabra está quebrada

si amor es lo mismo que mentira

aunque un hombre sin verbo y amor

es lodazal pisoteado por pies llenos de hongos

la palabra el puente está quebrada

no tiene dignidad

no significa

además siempre ha sido trampa

para que la vida cabalgue afuera

y nosotros nos hartemos con imágenes

¨

volteemos el revés de los instantes

y de las botellas y los vasos

y de los discursos y los besos

y de los zapatos y los peines

y de los trabajos y placeres

ya que creemos pasar por su derecho

sí cavafis

el reverso será una distinta tiranía

 o la misma

pues el tema es que navegamos el océano

desintegrados porque solo intuimos su canto submarino

rodamos y rodamos un periplo

en una ínfima noria

fijada solo en una aldea de un firmamento incesante y sin países

¨

 

 

 

 

viernes, 21 de febrero de 2014

4 POEMAS DEL LIBRO "TRAVESÍA"

µ

No podemos envejecer esperando las condiciones idóneas.  Tenemos que vivir y explorar la luz de cada instante.  Como el pájaro vuela en cualquier cielo y canta sobre cualquier sitio.

 

µ

Uno no solo debe acercarse estéticamente al hombre: dejaría por fuera a los desdentados, caras de rata, cuerpos de mono y arrastra pies.  Uno, sobre todo, debe acercarse al hombre como hombre: en esta animalidad compartida cualquier fealdad es pequeña y prevalece la sangre que en nuestra especie es capaz de crear justicia.

µ

Todas las mañanas, silenciosa, triste, contenida,  vende comestibles a los madrugadores del pueblo.  Pálida, ojerosa, prematuramente mustia, pero con una hermosa cabellera, prolijamente cuidada, intenta diluirse entre la diversa mercadería. Pero es atenta y detrás de su sonrisa temerosa palpita una sedienta ternura.  Vende víveres a chabacanos, adormilados, sufrientes, alegres, fugaces, tensos, enajenados.  Y ninguno percibe la cascada de su cabello ni la flor de su sonrisa.  Vende, vende, vende –sus hermanos, los dueños, entretanto duermen. Vende, vende, vende, y nadie ve que es una mujer, un jardín dispuesto al beso.  Como un fantasma deambula por los estrechos pasadizos, cubiertos solo de productos, de innúmeras marcas frías.  Cuándo llegará el amor que, atrevido, la haga deliciosamente humana...

 

µ

Por esta calle he pasado muchas veces, pero no esta vez; he vivido muchas noches, pero no esta noche; me han deslumbrado muchos plenilunios, pero nunca este; innúmeros grillos he escuchado, pero nunca estos; he sentido la serenidad posada en el follaje, pero no la que como un firmamento de silencio se extiende por la tierra, los árboles y el aire en la pacífica umbría de esta noche; de la lejanía, rasgando sombras, me han llegado en otras horas rompientes aullidos de perros y rítmicos cantos de gallos, pero nunca los entremezclados ladridos y cantos que surcan el suceder inmóvil de esta noche; he percibido en otras noches de verano vaga cercanía de lluvia, pero no la sutil presencia de invierno que palpita en el rocío de esta noche; he mirado en innombrables instantes las estrellas, pero nunca las he mirado este instante: todo incesantemente muere, incesantemente nace; mi cuerpo de este momento no es el mismo que hace poco veía la leve luz del cielo; la vida que sucede es –a un tiempo– brote, tiniebla, agua y yermo: existir es, por lo tanto, ser capaz de aprehender en la petrificada calle conocida, el novedoso, fértil e impredecible retoño del latido: huella latiente, verde –nunca callo–, de la vida que fue y, por no seguir anuarios, continúa inmarcesible, creadoramente siendo.

µ

 

 

 

sábado, 15 de febrero de 2014

4 POEMAS DEL LIBRO "EL PÁJARO TESTIGO", QUE TAMBIÉN ESTÁ SIENDO TRADUCIDO AL INGLÉS.

¿A DÓNDE?

 

Yo vengo de tiempos

adonde los niños podíamos jugar con papalotes

(cielos abiertos a los sueños, los pájaros, los vientos).

Por el latido de un cordel subíamos hasta el cielo,

conversábamos con nubes y azules

y el follaje nos aplaudía desde los árboles.

A veces golondrinas o yigüirros

cortejaban con sus juegos nuestro vuelo,

y la brisa, limpio mar de transparencia,

cundía de músicas la nave de polícromo papel donde soñábamos.

Éramos magos: resplandecientes duendecillos de campiñas.

 

Niños de hoy -prisioneros de calles y T.V.-,

a dónde irán ustedes

con cielos cautivos de azoteas,

pájaros que se degüellan en los cables

y vientos radiactivos sin follajes.

 

A dónde iremos todos sin la vida.

 

 

CUENTO A MUCHA DISTANCIA DE LAS HADAS

 

Hijos,

¿cómo decirles,

cómo contarles cómo eran las cigarras

-chicharras las llamaban en mi pueblo-?

A ver... ¿Con qué mostrarlas,

con cuál palabra,

cómo inventarlas hoy, que poco queda?

Eran verdes, sueños, amarillas,

eran el latido del follaje.

Sus alas eran como el agua,

cristalinos óvalos sustentados sobre encaje.

Posadas en un árbol eran hojas,

mínimos satélites de estío: he aquí

su altísima esencia de cigarras:

Eran pequeñas navecillas del verano,

comitiva de la luz derramándose, solar,

por frondas, montañas, espesuras.

Y cantaban, además cantaban;

en las verdes copas vegetales

su concierto era mejor que los chillidos

que hoy enriquecen a los divos del rock entre miserias.

Cantaban.  De crepúsculo a crepúsculo

su canto era la voz llameante,

la palabra vital de los veranos.

Y llovían.  Desde el cielo como un mar de fulgor y mediodías,

las cigarras llovían, eran llovizna

humedeciendo los sueños de niños y de plantas.

Ah, las cigarras,

tan capaces de habitar fulgor y aire,

tan dueñas de los árboles y el día,

las cigarras provenían de la tierra,

años enteros dormían en su germen,

junto al latido de la sombra y las raíces,

en la nutricia fuente de la vida,

sí, las cigarras brotaban de la tierra.

Yo, que fui niño como ustedes,

que fui animal libre como ustedes,

yo, hijos míos,

yo vi germinar a las cigarras,

flores desnudas hacia el sol,

desde diminutos huecos tan redondos

como las formas de la luna y las estrellas.

Yo, de la tierra vi emerger

a los músicos insectos del verano

y, en mis manos, por primigenia vez

al cielo se elevaron.

Mas hoy, como aquel piel roja,

que en su inocente unidad con las praderas,

no pudo comprender

por qué un tren valía más que infinitas manadas de bisontes,

yo, hijos míos,

no puedo tampoco hoy comprender

que las cigarras ya no escolten los veranos,

porque los mercaderes que envenenan el herbaje

exterminan también el terrestre vientre de los cantos.

 

 

TÚNELES

 

Todo: agua, aire, árbol, flor;

libres, deslumbrantes bellezas de los pájaros;

inabarcables latidos de los bosques;

azules, vivas, amplísimas recámaras del mar:

Todo, lo nombrado y lo no dicho, todo

está por perecer.  No lo quiere

la fundadora luz del sol,

ni las fértiles habitaciones de la tierra,

no lo quiere el ciervo copulando con su hembra,

ni lo quiere el anónimo polvo del desierto,

no lo quieren la hierba ni los astros:

No lo quiere la vida.  No lo quiere.  Lo busca

el hombre, sumergido en la impudicia del mercado;

el hombre, nunca dueño de sus íntimos fulgores,

más infeliz aun que una gaviota,

todavía más oscuro que la noche.  El hombre,

ese angustiado y gran desconocido,

se ha creído sin embargo dueño y sabio

de los valles, los ríos y las montañas,

del follaje, la luz y los océanos.

Y donde hubo bosques con sus nidos

ha edificado rascacielos y negocios.

Y donde hubo ríos y floración

manufactura venenos y desechos.

Y donde hubo cielos y albores

ha puesto torres, aviones, humaredas.

Sí, el hombre,

que no es dueño aun ni de su edad,

que no puede siquiera decidir

sobre la caprichosa disposición de sus arrugas,

sí, animal de tan confusas vocaciones, el hombre

ha decidido ser el amo y el juez de la existencia.

Y la vida, que incesante apunta hacia la luz,

él, laberíntico, la arroja hacia sus túneles.

 

 

LA LLUVIA

 

Lluvia, yo, cuando niño,

amaba mucho tus canciones,

tus tambores sonar entre las nubes,

tus trompetas vociferando sobre ríos,

tus flautas cadenciosas entre los arpegios de los pinos,

tus armonías danzando con los gorgoritos de las aves:

Todo el espacio y la luz y la espesura

y los charcos, las flores y las piedras

y el cielo, las cimas y las eras: todo latía,

rezumaba, la prolífica melodía de tus gotas.

Y yo niño, fecundo como tú,

amaba mucho  —lluvia—  el amor

que desplegabas por los campos.

Entonces, mi padre, casi roble, cedro, sauce,

sembrador de vida y de maíz,

inundado llegaba  —lluvia—  de tus aguas,

y era como si por la puerta penetrase

una mano de tu aguacero generoso.

Yo niño, casi un glóbulo

de tu líquida abundancia  —lluvia—,

amaba mucho la vida que fundabas.

Por eso hoy, cuando escucho

tus caballos en estampida por el cielo

y te miro correr por las aceras

y las paredes de macilentos edificios,

sucia, negra, confundidas tus nubes con smog,

tus innúmeros globos cuajados de ponzoña

—una herrumbrosa metáfora de vida—,

entonces lluvia, indoblegable lluvia,

admiro más tu indomable música creadora,

pues quemante y venenosa

como los industriales humanos te hemos hecho,

sigues cayendo, cayendo y empapando:

Estás en guerra

contra el desierto planetario que construimos.

Ah, hermana, madre y abuela de la vida,

antigua lluvia, elemento primordial,

¿seremos los hombres capaces algún día

de ser fecundo espejo de tu música...?